La última caravana de migrantes centroamericanos que se presenció en la frontera sur de México este sábado ha dado mucho de qué hablar esta semana. En especial, por la actuación del gobierno mexicano y su política migratoria.
Esta nota del The New York Times deja en claro que esta última afluencia de inmigrantes es un reto para Andrés Manuel López Obrador: una prueba para la determinación del mandatario mexicano de endurecer la migración indocumentada para no permitir la entrada ilegal de inmigrantes tanto a México como a Estados Unidos; noticia que el gobierno mexicano dio a conocer en junio de 2019 para calmar la crisis diplomática entre México y su vecino de la frontera norte, pues, como es bien sabido, esta situación ha causado mucha fricción entre ambos países.
Dicha determinación es resaltada en esta nota de El País, en la que se expresa que el gobierno mexicano dejó claro que no es un país de tránsito y no dará “salvoconductos” a los migrantes pero que se respetarán sus derechos humanos. No obstante, la misma nota expresó que la Guardia Nacional de México no les dio un trato correcto porque se les agredió y esa actitud era más esperable por parte de la policía fronteriza estadounidense: Border Patrol, que la del país mexicano. A pesar de ello, esta nota de The Guardian dice que la Guardia Nacional es la vigilancia policial más dura de México y que ha ayudado a mitigar la entrada de inmigrantes, porque entran grupos cada vez más pequeños controlados por esta misma y otros funcionarios del gobierno.
Este endurecimiento de política migratoria mexicana refleja una incongruencia por parte del gobierno mexicano. A principios de la nueva presidencia, ésta se mostró más abierta a la migración al repartir brazaletes especiales para permitirles a los migrantes transitar libremente en territorio mexicano. Pero a poco más de un año de dicho gobierno, su discurso migratorio humanitario cambió a uno más enérgico debido, principalmente, a las advertencias del gobierno estadounidense tras anunciar el año pasado que impondría aranceles a México y otros países de la región si no adoptaban una política migratoria más estricta.
Esto, sin duda, refleja el poder que tiene Estados Unidos para controlar a México y la presión que ejerce sobre este mismo. A pesar de que el gobierno mexicano ya había determinado su visión y actuación migratoria, no tuvo más que ceder ante el gobierno norteamericano, dado que es su principal país vecino y socio comercial; por lo tanto, no puede permitir más tensión entre ambos ni tenerlo de enemigo.
Asimismo, esta nueva política migratoria afecta, desde luego, a miles de inmigrantes y les genera incertidumbre, porque si el gobierno de López Obrador les había prometido empleos temporales al sur del país, será más difícil que puedan tenerlos por el número tan restringido de migrantes que dejarán entrar. Además, las condiciones en las que están son muy precarias y no están recibiendo ayuda humanitaria. Sin embargo, según esta otra nota del The New York Times, dicha política migratoria ha dejado satisfecho al gobierno estadounidense, pues elogió al gobierno mexicano por contener la caravana migrante de este sábado y anunció más deportaciones.
Aunado a este tema, considero pertinente recomendarles esta nota de The Washington Post. Así, podrán saber más sobre el plan de la Casa Blanca de retirar más de siete mil millones de dólares de los recursos destinados al Pentágono para ser utilizados en la construcción del muro fronterizo propuesto por el presidente Donald Trump. Esto refleja, una vez más, la determinación de Trump en seguir con su política migratoria estricta, llena de un discurso xenófobo y discriminatorio que dejó claro desde su campaña a la presidencia. Un discurso del cual valdría la pena hablar después.