Hace ya varios años, el gobierno chino ha implementado una política de control de seguridad en la región autónoma de Xinjiang como una lucha en contra del terrorismo. Esto debido a que el Estado ha acusado y detenido a varios miembros del grupo étnico musulmán uigur por desatar ataques sangrientos en esa zona. Dicha política se ha endurecido y a pesar de que el Estado asegura que los integran en campos educativos de manera voluntaria, una investigación reciente indica que los tienen encerrados en contra de su voluntad.
Esta nota de Le Monde informa que un instituto de investigación australiano ha detectado, mediante satélites, testimonios y otras fuentes, que hay más de 300 nuevos sitios de detención Uigures en Xinjiang. Estos establecimientos parecen tener distintas funciones y tamaños dado que son, por ejemplo, campos de reeducación, centros de detención e incluso cárceles. Además, la misma nota dice que los uigures son forzados a trabajar en torno a la fabricación de productos para empresas occidentales como algunas estadounidenses. Sin embargo, el gobierno chino asevera que esos sitios son “campos de educación profesional” destinados a ayudar a la población uigur a encontrar empleo y apartarla del extremismo religioso; y quienes se han formado ahí, se han graduado y se han ido.
A pesar de lo anteriormente afirmado por altos funcionarios chinos, esta nota de The New York Times dice que el encarcelamiento de dicho grupo étnico va en aumento. También, afirma que las autoridades de Xianjiang han expandido varios centros de detención desde el año pasado y que muchos uigures han sido detenidos extrajudicialmente y en vez de ser liberados, son acusados formalmente y encarcelados. Además, la misma nota reporta que el gobierno chino se ha negado repetidamente en revelar el número de centros de detención y detenidos. No obstante, una investigación por parte del periódico The New York Times reporta que más de 90 mil personas de la etnia uigur y de otras minorías étnicas han sido acusadas por juicio penal y muchos uigures que han dejado China luchan por saber qué pasó con sus familiares, quienes fueron detenidos y muy probablemente juzgados y encarcelados.
Aunado a ello, se ha afirmado que el Estado chino ha desarrollado una política similar a la anteriormente dicha en otra zona del país. Esta nota de BBC News informa que China ha obligado a cientos de miles de tibetanos a ingresar en centros de trabajo. Según las autoridades del país, el programa “forma parte de la promesa del actual presidente Xi Jinping de eliminar la pobreza en China en este año” y con el mismo se busca ayudar a muchos tibetanos en condiciones rurales. Empero, la misma nota dice que el gobierno de la capital china, Pekín, ha sido acusado de suprimir la libertad cultural y religiosa en el Tíbet, en donde la mayoría de las personas practican el budismo. A los tibetanos que son enviados a los centros de trabajo se les enseña la disciplina laboral, el idioma chino y la ética laboral, pero un estudio reciente señala que esta capacitación lleva a que la mayoría de los trabajadores tibetanos terminen en trabajos mal pagados y advierte que esta política de asimilación de minorías étnicas “promueve una pérdida a largo plazo de la herencia lingüística, cultural y espiritual» del país.